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El poder sanador de las mascotas

La relación entre animales y humanos

El amor por las mascotas


"Por favor, cuídelo bien que él duerme conmigo", suplicó una señora en una clínica situada en la Capital. Pero no piense que se refería a su esposo o a su hijo, más bien, pedía que protegieran a su perro enfermo. La señora, acompañada de una amiga, lo había llevado a una clínica de urgencias veterinarias. Se veía preocupada y como si hubiese salido con prisa de su casa en busca de ayuda para su perro.

A los pocos minutos de ella irse sin sonreír, entró una pareja con un perro enorme atontado, de color aceituna. Los rostros de sus amos lucían tensos y preocupados; el can se mantenía cabizbajo. "Vengo desde Juncos comiéndome la carretera. Estoy nerviosa", dijo mientras buscaba en su cartera.

Yo, precavida con los perros grandes, tan pronto lo vi entrar me eché a un lado y rápido me dijo la señora al notar mi reacción: "El no hace nada". Aproveché para preguntarle qué tenía su perro y ella me contestó que de momento el abdomen se le había inflado sin razón. No me había dado cuenta porque el perro es grueso, pero al observarlo bien me asombré de su estómago hinchado.

La pareja pidió que los dejaran pasar rápidamente y así fue; colocaron al " Fila Brasilero " sobre una camilla en una sala que parecía de operaciones, mientras yo visitaba a mi perrito Dino que está hospitalizado desde el martes pasado luchando por vivir. Dino, un santo de siete años color miel de ojos verdes oscuro, permanecía débil con su suero sobre una camilla pequeña, mientras yo le acariciaba su cabeza.

Escenas de cariño

De repente, escuché una voz de mujer: "Bebés, esténse tranquilos que se van a poner bien. Los van a atender ahora".

Después de hablar con la veterinaria Glenda Ramírez Vélez y de llevarse a Dino para su área de hospitalización, me asomé donde se encontraba la señora con dos chow - chow. Me dijo que pensaba que "sus bebés" tenían un virus porque uno tenía diarrea y el otro estaba vomitando. Le conté sobre mi perrito y la dejé allí tratando de controlar a sus mascotas.

Esas escenas parecerán absurdas para los que no conocen el amor hacia las mascotas y hasta tal vez piensan que es innecesario pagar tanto dinero por curarlas. Sin embargo, el cariño hacia un perro, un gato o un ave es inexplicable, máxime cuando son compañías de muchas personas que viven solas y de los niños que adquieren con ellos el sentido de responsabilidad y respeto hacia los animales.

Son varios los estudios que han demostrado la influencia positiva de los animales en sus dueños: ayudan a liberar el estrés y la ansiedad, son remedio contra la depresión y una gran compañía para los ancianos olvidados por sus familiares. En Estados Unidos y en varios hospitales de la Isla se está utilizando la terapia con perros para mejorar la salud de ciertos pacientes, en especial, de los niños. De hecho, luego del atentado terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, esa terapia se empleó para consolar a los sobrevivientes y a los familiares que perdieron parientes.

La Terapia con perros

En un reportaje sobre las terapias con perros, que publicamos el lunes, primero de septiembre de este año, escrito por Yomaris Rodríguez, el doctor Ricardo Fontanet indicó que "la terapia busca el alivio de personas que están pasando por estrés ya sea por estar hospitalizadas, deprimidas e incluso presas, veteranos de guerra o ancianos que no tienen con quién compartir, dar o recibir amor".

Los canes que se utilizan en la terapia deben estar certificados como "Therapy Dogs" y aprobar una serie de exámenes de aptitud y obediencia, además de haberse relacionado con los pacientes antes de iniciar la terapia. También deben estar saludables para evitar la transmisión de enfermedades y se utilizan siempre y cuando la persona lo permita y no les tenga fobia.

Los perros amaestrados para esa terapia comparten con los niños mientras les ponen suero, le toman muestra de sangre o experimentan un procedimiento que les causa dolor. "La presencia de la mascota le disminuye el nivel de ansiedad al niño o a los que esperan por ser anestesiados. Está probado que, cuando los adultos reciben el cariño de animales, les baja la presión sanguínea y en los diabéticos se controlan los niveles de azúcar fácilmente", indicó el pediatra Fontanet en el reportaje mencionado.

Ese vínculo del perro con el ser humano ha comenzado a descifrarse con el estudio del mapa genético de los canes. En el Instituto de Investigación Genómica en Rockville, Maryland, el científico Ewen Kirkness dirigió una investigación sobre el genoma de los perros. El investigador Craig Venter utilizó células de su mascota, un "poodle" llamado Shadow para identificar el mapa genético del amigo leal del hombre y de la mujer.

"El estudio descubrió que de 24,000 genes humanos, claramente identificados, se comparten al menos 18,000 con los perros... Además, el estudio confirma que, aunque los perros y los lobos tomaron vías evolutivas diferentes del ancestro común de los mamíferos, mucho antes que los humanos y los ratones, los perros son mucho más próximos a los humanos que los ratones", divulgó la agencia de noticias Reuters al citar el estudio publicado en la revista "Science".

Cuando finalice esa investigación, tal vez entonces comprenderemos mejor por qué entre el ser humano y los perros existe tanta afinidad, por qué los que tenemos uno les tomamos tanto cariño. Sin embargo, aunque todavía no se han obtenido los resultados finales, sabemos que lloramos cuando están al borde de la muerte o cuando fallecen, por el amor incondicional que ellos nos brindan y por estar siempre presente en momentos de soledad y de alegría.