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Prurito canino



prurito




El prurito puede indicar la evolución de enfermedades infecciosas, parasitarias o alérgicas o expresar unas malas condiciones higiénicas. Es por tal motivo que conviene indagar cual es la causa y tratarla.

El perro que cuida o limpia su pelaje puede tener prurito en las patas o en la región de la ingle, rascarse de vez en cuando los flancos o la base de las orejas. Este podría llamarse prurito normal. Pero el prurito se puede transformar en anormal cuando aumenta su frecuencia y la piel y el pelaje presentan lesiones diversas. Algunas de dichas lesiones pueden ser precisamente la causa de que se rasque tanto, por ejemplo, huellas de picaduras de pulgas. La piel se vuelve roja, supura más o menos y presenta arañazos lineales; los pelos se vuelven ásperos, se rompen y se colorean de marrón por los lametazos y la inflamación de la piel que se pone muy caliente.

En estos casos el perro puede comportarse de diversas maneras: puede rascarse la espalda, frotándose con los objetos o puede llegar a morderse y rascarse casi constantemente.


Una vez ocurrido el prurito basta con cruzar el llamado umbral. Existen causas muy diferentes para que esto ocurra y basta cualquier hecho, por poco irritante que sea en sí mismo, para que se desencadene un prurito anormal. Ese umbral es más bajo cuanto más nervioso sea el animal y tanto más alto cuando más tranquilo y plácido sea el perro. Es por esto que dos perros que se vean expuestos a las mismas causas podrán tener comportamientos opuestos: uno se rascará intensamente mientras que el otro no tendrá ningún prurito.

Es entonces cuando empieza un verdadero círculo vicioso: el estímulo ejercido al nivel de la piel se transmite al cerebro por vía nerviosa. Allí se interpreta el mensaje como algo diferente del dolor y es devuelto a la piel donde se traducirá por un irresistible prurito.

Al rascarse, el animal se causa nuevas lesiones que, a su vez, serán el origen de unas nuevas sensaciones que incitarán al animal a rascarse más todavía. Basta entonces una muy débil estimulación para mantener el proceso indefinidamente. A veces sucede que al ver al perro rascarse, el dueño empieza a sentir prurito, lo que plantea el problema del contagio perro-hombre.

Por lo general, tal prurito suele ser imaginario pero, en algunos casos, los perros transmiten los parásitos efectivamente.

Causas principales de prurito canino:

Parásitos que producen prurito


En la actualidad las causas más frecuentes de prurito son de origen parasitario, aunque también la mayoría de los artrópodos ectoparásitos (insectos y acáridos) pueden provocarlo. La presencia de pulgas es frecuente en la mayoría de los perros. Generalmente muchos animales albergan esos parásitos sin mayores molestias pero puede ocurrir que se inicie un proceso de alergia a la saliva que conduzca a una dermatosis muy pruriginosa con evoluciones en la espalda y a veces en forma de placas de aparición repentina.

También el agente de la sarna del cuerpo (Sarcoptes) es el causante de una dermatosis de la cara delantera de las patas y de la parte inferior del cuerpo, acompañada de un "prurito incesante". Otro parásito bastante joven poco conocido (Cheyletiella), localizado en el joven, afecta preferentemente la parte superior de cuerpo. En los perros que se rascan las orejas es frecuente el otodecte de la sarna de las orejas. Unos parásitos llamados Trombícula que son muy estacionales, pueden ser causantes también de prurito. Los animales los contraen en el exterior. En el perro sólo viven en estado de larva; una vez libres, las ninfas y los adultos se eliminan difícilmente. También algunos parásitos internos desencadenan el prurito. Es clásico en los cachorros que, parasitados por acáridos, se rasquen el abdomen; es también clásico en los perros que, teniendo una tenia, se rascan los cuartos traseros contra el suelo. Tengamos en cuenta que algunas lombrices de las que provocan la señal del trineo las transmiten las pulgas precisamente.

Otras lombrices, como las anquilostomas y las anguilulas, más raras, que afectan sobre todo a los perros que viven en grupo, provocan un violento prurito cuando las larvas atraviesan la piel. Por lo demás, las picaduras de mosquitos, tábanos y garrapatas, pueden dar lugar a la aparición del prurito.

Químicos que producen prurito

Otras acciones que producen reacciones no deseadas pueden ser productos químicos como jabones, productos de limpieza, y hasta incluso algunos productos destinados a los animales. Incluso puede que los collares antiparasitarios o incluso los escudos o medallas de identificación de material plástico, cuero o metal puedan tener un efecto directo sobre el animal y que éste reaccione rascándose. También en el exterior, y como ejemplo, mencionamos el césped tratado, éste puede provocar prurito en la zona del vientre.

Alergenos que producen prurito

No se debe descuidar este aspecto, ya que las alergias son una de las mayores causantes de prurito. Pueden estar relacionadas con ectoparásitos, pero también con cualquier objeto que sea irritante. Si son por alimentos podemos decir que los más sospechosos son leche, huevos, cereales, algunas carnes como la de buey y sus derivados; la verdadera alergia es mucho menos frecuente que las falsas alergias debidas a los alimentos (carnes) de mala calidad o a los desequilibrios del régimen producidos por el mismo propietario; sea por inhalación de polvo o de polen de plantas (esta enfermedad, llamada atopía, corresponde a numerosos casos de asma o de resfriado del heno en el hombre, pero se traduce en el perro en una enfermedad de la piel con un prurito muy acentuado).

De todas maneras, y sean cuales sean, las alergias se instalan progresivamente como consecuencia de una sensibilización del animal, y se caracterizan por una reaparición muy rápida de los trastornos en caso de reexposición. También existen otras muchas causas de prurito más o menos bien descritas: obesidad o ambientes aclimatados inadecuadamente.

Tratamientos del prurito

Cuando el perro esté afectado de prurito, hay que evitar darle medicamentos (sin consulta veterinaria) que le impidan rascarse. El diagnóstico siempre le corresponde a un profesional veterinario y a menudo resulta muy delicado, y que según el caso lo tratará con antiparasitarios, antibióticos o antisépticos. Se tratará de eliminar las causas de irritación cutánea y hasta quizá se proporcionará una alimentación distinta a la actual.