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El gran momento se acerca. No debemos considerar al parto como el final de la gestación, sino como un acontecimiento independiente que recordaremos el resto de nuestras vidas, ya sea porque, felizmente, no haya aparecido ningún problema o porque, desgraciadamente, se haya complicado.

Científicamente, el parto se define como el conjunto de fenómenos que tienen como consecuencia la expulsión del o de los fetos y de los anejos fetales en una hembra que ha llegado al término de su gestación.

¿Cuándo va a parir?

Tradicionalmente se ha considerado que la duración de la gestación en la perra es de 63 días postcubrición. Si únicamente se ha producido un acoplamiento con el macho y contamos 63 días a partir de la fecha del mismo, podremos obtener la fecha del parto. Sencillo, ¿verdad?. Pues en realidad las cosas no lo son tanto.

Porque generalmente no se lleva a cabo una única cubrición y en ocasiones no se sabe exactamente la fecha de la misma (en el caso de que se haya escapado dos o tres días estando en celo). Si además añadimos el hecho de que los espermatozoides caninos sobreviven hasta 7 días en el tracto genital de la hembra y de que la duración de la gestación puede verse influenciada por la raza y por el número de fetos (una camada numerosa suele acortar la gestación) podremos comprender por qué no puede establecerse con exactitud la fecha del parto.

De hecho, se considera normal un parto acontecido tanto a los 58 como a los 68 días postcubrición. Algunos autores consideran que el intervalo del parto normal se puede situar entre los 54 y los 72 días postcubrición. Veámoslo más claramente con un ejemplo: si la cubrición se produjese el día 1 de Enero, el parto podría producirse cualquier día desde el 23 de Febrero hasta el 13 de Marzo, con una máxima probabilidad el 4 de Marzo.
En la gata la duración media de la gestación es de 65 días, con un intervalo de 64 a 69 días, sin que exista diferencia de unas razas a otras. Al igual que en la perra, las camadas numerosas acortan la duración de la gestación.

En la perra una semana antes del parto la temperatura corporal (medida en el recto) comienza a descender hasta situarse en 37-381C. La temperatura rectal desciende a menos de 361C (y con frecuencia a menos de 35.51C) aproximadamente de 8 a 24 horas antes del parto. Se han observado fluctuaciones pasajeras en las temperaturas corporales con descensos ocasionales en las temperaturas rectales a 35.51C durante las dos últimas semanas de gestación en perras eutócicas o de parto normal. Aunque puede observarse un breve periodo de hipotermia o descenso de la temperatura en una gestación normal sin estar pendiente del parto, toda perra con hipotermia debe ser cuidadosamente controlada por si hubiera una distocia o parto anormal. Por tanto el descenso de la temperatura corporal es un dato que debe ser tomado con cautela porque, aunque antecede siempre al parto, no nos da un plazo de tiempo exacto para el mismo.

Otro dato que nos ayudará a conocer cuándo se aproxima el momento del parto es la aparición de secreción láctea en las mamas de la hembra. Aunque a menudo tampoco es un signo fiable de parto inmediato, ya que en algunas perras puede aparecer hasta una o dos semanas antes y en otras coincidir con el momento mismo del parto. Frecuentemente, sin embargo, las perras rechazan el alimento uno o dos días antes del parto. Además, la vulva suele ponerse edematosa y aparecer una ligera descarga vaginal. Pero el dato más revelador de que el parto se acerca es que en los dos o tres días que lo preceden la perra cambia su comportamiento normal para adquirir uno muy característico: búsqueda de sitios oscuros y apartados, inquietud y construcción del nido.

La mayor parte de las veces será la propia madre la que decida dónde va a parir: encima o debajo de una cama, detrás de un mueble o del sofá, su canasta, un lugar reservado y oscuro del jardín son sitios habituales. Lo que su instinto protector les dicta es que han de buscar un lugar resguardado para sus cachorros, con el fin de que tengan la máxima protección. Por ello en ocasiones no nos enteraremos de dónde se está produciendo el parto. Por esta misma razón, y dada la capacidad de la perra para retrasar el parto en cierta medida, éste suele acontecer de noche, ya que entonces suele ser el momento más tranquilo en la casa. Como norma general debemos facilitar a la madre que va a parir un lugar especialmente acondicionado por nosotros y que pueda ser elegido libremente por ella para el parto. Puede ser su propia cesta, en perras de pequeño tamaño o gatas, o una caja, en perras de gran tamaño, de donde no se puedan escapar los cachorros. Debemos ponerla en un lugar apartado del trajín diario de la casa y mullirla con material absorbente (papel de periódico, por ejemplo) que retenga los líquidos fetales. Este procedimiento intenta garantizar el control que debemos tener sobre el parto, aunque a veces estos lugares no serán los elegidos y el parto empezará en otro distinto. En este caso, si es posible, debemos trasladar a la madre y a los cachorros ya nacidos al lugar que nosotros habíamos destinado a tal fin.

La pregunta clave, es ¿cómo es el parto? porque es en este momento cuando el propietario primerizo se pone más nervioso y no sabe si lo que está aconteciendo ante sus ojos (si es que tiene la fortuna de poder observarlo) es normal o no. Se pregunta qué debe hacer y cómo y cuándo debe hacerlo.

Durante la gestación los fetos se desarrollan a partir de los nutrientes que toman de la madre a través de la placenta. Sin embargo, llega un momento en que las altas necesidades que tienen no se satisfacen por completo. En este momento los fetos empiezan a sufrir estrés. El mecanismo estresante más importante es la falta de oxígeno.

Es entonces cuando se liberan al torrente sanguíneo las hormonas características de toda situación de emergencia, fundamentalmente cortisol. Este hecho provoca que se produzca en la madre un cambio hormonal de manera que deja de producirse la progesterona u hormona mantenedora de la gestación.

Además, en la parte fetal se produce una sustancia, la prostaglandina F2a, que induce la producción de otra, la relaxina, que da lugar a la relajación de la pelvis y del tracto reproductor, y provoca contracciones uterinas y presión abdominal, tanto directamente como a través de la descarga de oxitocina por la glándula pituitaria.