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El amor por sus perros y los spa




El spa
para mascotas




Nueva York.- Aunque los neoyorquinos suelen ser rudos entre ellos, su corazón se derrite apenas aparece un perro.

Desde hoteles spa, hasta sesiones de yoga, son solo algunos de los beneficios que reciben los canes.

“Nunca conozco tanta gente como cuando paseo a mis perros”, afirma la experta en computación Carrie Kile, de 26 años, que es arrastrada por su dálmata Charly (5) y el terrier mestizo Jubilee (6) entre los edificios en dirección al Central Park. “La gente es muy amable, muchos me hablan”.

Según las autoridades sanitarias, unos 500.000 perros viven en la ciudad, y no son sólo perros falderos, pekineses o caniche, que recién peinados acompañan las compras en el bolso de mano.

En los departamentos más minúsculos y habitaciones de alquiler también hay lugar para un doberman o un perro San Bernardo, mientras que en el verano la ropa de invierno es llevada a depósitos en los suburbios.

“Un perro te da la sensación de ser necesario”, explica el experto animal Dale Van Pamelen, 49 años.

“Además muchas parejas jóvenes no tienen hijos. Entonces un perro es algo así como un niño de prueba, para ver si se entienden”.

Van Pamelen tuvo hace ya diez años la idea de asesorar a los “padres” de perros en la educación de los animales.

En la mayoría de los casos ambos son profesionales, a veces tienen dos o tres trabajos, y entonces su Dog Spa & Hotel es una oferta ideal.

Aquí los perros se someten a un “cuidado diario”, prácticamente como un jardín de infantes. Según el tamaño y carácter son divididos en grupos de juego y pasan el día juntos, acompañados de tutores expertos.

Ahora, en la época de vacaciones, también crece la demanda del hotel, para estadías que van desde un día hasta medio año.

Cada perro es paseado de forma particular y tiene su jaula para dormir y comer, puede traer cama, mantas y juguetes.

En el lugar siempre hay un veterinario así como varios asistentes y entrenadores. Los costos dependen del peso de los huéspedes cuadrúpedos: entre 60 y 66 dólares por día (entre 45 y 50 euros), con ofertas para hermanos.

“Aunque hay ocho o diez de estos hoteles en Manhattan, la demanda es mucho mayor. Es un negocio gigantesco”, cuenta Van Pamelen, cuyas 100 plazas actualmente están reservadas dos meses por adelantado. Van Pamelen asigna gran valor a la formación de sus empleados.

“Hay que cuidar adecuadamente a los perros. Son como niños, niños que no crecen”. Aquel que no quiere dejar a su hijo, perdón, a su perro totalmente fuera de casa, también puede acudir a los servicios de un paseador de perros.

Estos “dog walkers” profesionales, que frecuentemente pasean al mismo tiempo a seis, siete o más perros simultáneamente a través del Central Park, no solamente existen en el cine, sino en cada calle. La última moda: “Long distance dog runner”, que aseguran más ejercicio mediante carreras más largas.

Michael Beal, de 28 años, diseñador gráfico de Bolivia, ya tiene entre 25 y 30 perros como clientes fijos, que pasea diariamente en varios grupos afines.

“Es una locura. Algunos le ladran a perros, otros a personas. Siempre hay alguno ladrando”, afirma e intenta hacer orden entre sus correas. Gana hasta 30 dólares por hora y perro, y de eso se puede vivir incluso en Nueva York.

Y cuando los dueños tienen tiempo para sus perros, en Nueva York hay miles de posibilidades para divertirse juntos, como en la playa para perros en el barrio de Brooklyn, en el parque de perros, en el cual, a diferencia del resto de la ciudad, tampoco de día hay obligación de correa, o en las diversas “fiestas amigables con perros”, difundidas por la página de Internet leashesandlovers.com.

El alojamiento para perros “Biscuit and Bath”, que ya tiene cuatro sucursales en la ciudad, ofrece, además de un programa de asistencia y cuidados, grupos para juegos de bebé, fiestas de cumpleaños, Halloween, carnaval e incluso bodas para perros.

Y en el nuevo centro de yoga en el barrio de moda de East Village hay por 15 dólares media hora de relajamiento oriental con perro incluido, denominado “dog yoga”, o “doga”. Guau.

La gente de la ciudad sin perros comparte el amor por los animales, sobre todo por las estrictas normativas de higiene. Los excrementos caninos en las aceras no existen.

Quien no limpia los excrementos de su mascota, debe pagar una multa de hasta 100 dólares.