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Incontinencia urinaria


urinaria

La incontinencia urinaria se puede definir como la pérdida del control de la micción. Permanente o intermitente, puede tener numerosas causas que hay que investigar sistemáticamente, no sólo mediante un metódico examen clínico sino también radiologías o ecografías, o a exploraciones funcionales más sofisticadas.

Cuando se lleva al veterinario un perro que presenta signos reveladores de incontinencia, el facultativo se debe cerciorar en un primer momento de que se trata de dicho síndrome, que se puede confundir fácilmente con otros trastornos urinarios, en particular con la polaquiuria, caracterizada por el aumento de la frecuencia de las micciones, de las que el animal es consciente en este caso.

También es frecuente que se confunda con un trastorno del comportamiento; y ello porque hay perros que pueden orinar voluntariamente en diferentes lugares de la casa para manifestar su descontento. De ahí que el interrogatorio del propietario tenga su importancia en la consulta. Una vez que la incontinencia urinaria haya quedado confirmada por el examen clínico, el veterinario debe buscar su causa. La situación es diferente según que el trastorno se observe en un perro joven o en uno adulto.

En la inmensa mayoría de los casos, la incontinencia urinaria del perro joven se produce como consecuencia de una malformación congénita del aparato urinario, casi siempre de una ectopía ureteral. Esta se caracteriza por el hecho de que el conducto, que normalmente, conduce la orina desde el riñón hasta la vejiga, no desemboca en el lugar adecuado de esta provocando un escape permanente de la orina y, por consiguiente, lo que se ha dado en llamar incontinencia urinaria. La anomalía puede ser unilateral o bilateral.

En el primer caso, la incontinencia se alterna con micciones normales; en cambio, en el segundo, el animal nunca orina voluntariamente.

En el cachorro muy pequeño, el aparato urinario también puede presentar otras malformaciones, entre las que se encuentran: persistencia del uraco (canal que une la vejiga con el ombligo), fístulas vaginales, fístulas rectales, etc.

La terapéutica quirúrgica da buenos resultados en la mayoría de los casos de ectopía ureteral, y excelentes resultados cuando se trata de operar el
uraco.

En el perro adulto, las causas de la incontinencia urinaria son diferentes.

Incontinencia de origen hormonal

Las perras que han sufrido una ovariectomía de conveniencia o una ovariohisterectomía a causa de una infección uterina pueden presentar una
incontinencia urinaria relacionada directamente con la falta de secreción ovárica de estrógenos.

En el macho, la castración puede producir los mismos efectos. En ambos casos, el aporte de las hormonas que faltan, estrógenos o testosterona,
permite que se recupere la normalidad.

Incontinencia de origen mecánico

A veces, un obstáculo uretral (cálculo, tumor del cuello vesical y, en el macho, hipertrofia prostática o también lesión de la pared uretral del hueso peniano) puede provocar la incontinencia. En tal caso, el diagnóstico necesita una urografía, es decir, un examen radiológico que recurra a la opacificación de la vejiga mediante sustancias radioopacas (derivados yodados) inyectadas en la vejiga directamente o por vía intravenosa cuando resulte imposible la sonda vesical. También puede utilizarse para el diagnóstico la ecografía. El tratamiento, que por supuesto debe ser causal, puede ser médico o quirúrgico.

Incontinencia de origen neurológico

Algunas formas de incontinencia urinaria del adulto son consecuencia de lesiones del sistema nervioso. Puede tratarse de lesiones provocadas por un traumatismo de la médula espinal, que a su vez sea consecuencia de una lesión localizada en un disco vertebral.

El origen de la incontinencia puede deberse también a traumatismos de la pelvis (fracturas) que pueden lesionar el nervio genital interno, del que de pende la actividad del esfínter externo de la vejiga; su resultado es la incapacidad de retener la orina. Las lesiones vesicales como tumores, inflamaciones, distensiones, etc., pueden destruir poco a poco la inervación de la vejiga y producir la incontinencia urinaria.

Para determinar el origen de la lesión el veterinario debe proceder al examen neurológico, ecografías, análisis urodinámicos que permitan revelar la actividad de la musculatura vesical.

El tratamiento de estas formas de incontinencia es causal en primer lugar (por ejemplo, tratamiento de una hernia discal o de una fractura de la
pelvis) y, en segundo lugar, puede intentar restablecer el funcionamiento normal del músculo vesical o de la uretra.